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Introducción
Fundada en 1987, la Clínica de Investigación de hCG oral investiga
los mecanismos de acción de la hCG (Gonadotrofina Coriónica humana) y
trata pacientes con el método oral hCG para la pérdida de peso.
El Doctor Daniel Belluscio, su fundador, desarrolló una formulación oral y la concentración de hCG después de una investigación cuidadosa, y una revisión de la Literatura disponible.
Descubrió que en 1927, una serie de informes establecían que una preparación oral de hCG puede
tener actividad terapéutica, a pesar que la molécula hCG no cruza la barrera gástrica.
La mayoría de aquellos estudios sugerían que una cantidad hCG es absorbida
a nivel de las membranas mucosas.
El próximo paso fue desarrollar una formulación oral hCG que tuviese
actividad terapéutica en el tratamiento de obesidad. En el curso de la Investigación,
además, tres hechos interesantes aparecieron:.
Primero: que una formulación oral de hCG era tan eficaz
como las inyecciones para el tratamiento de obesidad
Segundo, esta formulación podía ser administrada durante períodos prolongados de tiempo. Y,
Tercero, aquellos pacientes alcohólicos obesos tratados
con el protocolo oral de hCG contuvieron su deseo de beber, sugiriendo que
la hCG puede ser un procedimiento auxiliar en el tratamiento del alcoholismo.
Más de 6,000 pacientes obesos y alcohólicos/obesos fueron tratados con este
método.
Los resultados son alentadores, y actualmente el protocolo oral hCG es nuestro método de opción para el tratamiento de obesidad.
Debido a numerosas peticiones recibidas hemos decidido poner en práctica un programa de adiestramiento local para todos aquellos Médicos de Atención de salud interesados en el método hCG para la pérdida de peso. Usted encontrará más información sobre este tema en estas páginas.
 Descripción sobre obesidad
La obesidad o el sobrepeso se define como un exceso de grasa corporal, generalmente debida a una dieta desequilibrada demasiado rica en calorías.
Tener sobrepeso no significa automáticamente estar enfermo. Desgraciadamente, sin embargo, la obesidad y el aumento de peso parecen estar asociados causalmente a una serie de factores de riesgo. Factores de riesgo típicos son la hipertensión, altos niveles de colesterol y triglicéridos en sangre y una cierta tendencia a la diabetes tipo 2.
Muchas personas con sobrepeso se sienten incómodas al hacer ejercicio físico con regularidad debido al exceso de peso por lo que disminuyen su actividad y su condición física. Además, el corazón tiene que trabajar más para suministrar nutrientes* y sangre oxigenada a todo el organismo. Por consiguiente, estas personas son más susceptibles de padecer enfermedades cardiovasculares. Particularmente la obesidad central (exceso de tejido graso en la región abdominal) se considera responsable de un elevado riesgo de desarrollar enfermedades coronarias (EC) dentro de este grupo.
Por tanto, para mantenerse sano se debe dar absoluta prioridad a la reducción de peso y a los cambios de hábitos de vida.
El estrés, o más precisamente la respuesta del individuo ante el estrés, también puede ser un factor contribuyente.
El estrés puede tener una influencia negativa sobre ciertos hábitos de vida afectando a otros factores de riesgo ya presentes, tales como un aumento del consumo de tabaco, comida o alcohol. Se ha demostrado que en algunas personas el estrés contribuye a la elevación de la presión arterial, el colesterol o el nivel de azúcar en la sangre.
Si bien el estrés por sí mismo aún no está aceptado como factor independiente de riesgo de enfermedad coronaria, el control del estrés parece ser un concepto atractivo para el bienestar general de la persona.
El tabaquismo es probablemente la causa prevenible más importante de muerte prematura. Se considera que el fumar, solo o en combinación con antecedentes familiares de enfermedades coronarias y otros factores de riesgo existentes, es un factor de alto riesgo para el desarrollo de aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares.
El tabaco parece afectar negativamente al endotelio arterial, los niveles de colesterol, la presión arterial y la propensión a la trombosis y las arritmias cardiacas. Enfermedades pulmonares asociadas por causa del tabaco afectan consecuentemente al corazón.
Por consiguiente, dejar de fumar es una meta primordial para la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares.
Más de la mitad de los norteamericanos son obesos o tienen sobrepeso, y todas las recomendaciones recomiendan a estos pacientes que pierdan peso. Sin embargo, no todos los autores inciden con la misma intensidad en qué evidencia sostiene dichas indicaciones.
El primer punto a considerar es la propia definición de qué es sobrepeso y qué es obesidad. El Body Mass Index (BMI) es el parámetro más fiable, aunque no mide directamente los niveles de grasa. La guía del NIH americano (1998) define sobrepeso para un BMI entre 25 y 29.9, y obesidad por encima de 30. Según esta categoría, aproximadamente el 25% de las mujeres y el 20% de los hombres norteamericanos son obesos. La prevalencia de obesidad ha aumentado un 50% en los últimos 10 a 15 años (de 14.5 a 22.5%).
 Patologías asociadas a la obesidad
- Diabetes Mellitus tipo 2 (DM)
Según datos del tercer estudio nacional americano de salud y nutrición (NHANES III, en el que se estudió a casi 34.000 personas de 1988 a 1994), entre los nuevos casos de DM, el 67% tienen BMI de 27 o más, y el 46%, superior a 30. Igualmente, diversos estudios relacionan el aumento de BMI con una mayor prevalencia de DM.
La obesidad es un factor de riesgo cardiovascular en la medida en que se asocia a otros factores, como HTA, dislipemia, intolerancia a la glucosa y DM. Sin embargo, existen trabajos que la señalan como un predictor de riesgo cardiovascular, independiente de los otros factores tradicionales.
Dicho incremento del riesgo se da incluso a niveles de sobrepeso considerados como insignificantes (aumento del 72% en el riesgo de enfermedad cardiovascular entre varones de mediana edad, con BMI entre 25-29, comparado con BMI menor de 23).
El riesgo de OSAS es crítico en pacientes con BMI superior a 30 (Ve a PubMed y escribe: 10365562). Por otro lado, la obesidad puede interferir en la función pulmonar, debido a factores mecánicos. La obesidad severa puede ser un factor determinante en la producción del síndrome de obesidad-hipoventilación.
El sobrepeso puede ser un factor de riesgo para la aparición del AVC isquémico, pero no hemorrágico. En un estudio (Ve a PubMed y escribe: 9153368), el riesgo de AVC aumentó el 75% en mujeres con BMI superior a 27, u 137% si era superior a 32, comparándolo con controles (BMI inferior a 21).
- Alteraciones de la vesícula biliar
Según el NHANES III, el riesgo de colecistectomía y de cálculos vesiculares aumenta en mujeres desde un 9.4% en el cuarto inferior de la distribución según BMI, hasta 25.5% en el cuarto superior. En hombres, la proporción pasa de 4.6% a 10.6% en las mismas poblaciones (Para saber más, ve a PubMed y escribe: 10711462)
La mayoría de las series asocian la presencia de obesidad a la esteatosis hepática no alcohólica (también se asocia a DM). 69 a 100% de los pacientes que presentan esta variante son obesos, con sobrepesos entre 10 y 40%. La historia natural es impredecible, aunque en algunos pacientes, la esteatosis hepática progresa a insuficiencia hepática y puede requerir trasplante.
- Enfermedad musculoesquelética
Las personas con BMI por encima de 30, tienen más riesgo de presentar artritis de rodilla, comparados con los de BMI entre 25 y 30(Para saber más, ve a PubMed y escribe: 10728750). Sin embargo, la obesidad parece ser un factor de protección para presentar osteoporosis.
Es frecuente encontrar alteraciones mestruales en mujeres obesas, presumiblemente secundarias a la acción de la insulina sobre el estroma ovárico. Asimismo, se ha descrito asociación entre obesidad, infertilidad, diabetes gestacional y alteraciones del tubo neural en los hijos de madres
obesas.
Se han estimado que un 34 a 56% de los casos de neoplasia de endometrio se asocian a obesidad (BMI mayor de 29), aunque existen discrepancias entre los autores con respecto a este punto.
Los pacientes con BMI superior a 30 pueden tener un riesgo entre el 50 y 100% superior de muerte, comparados con sujetos con BMI entre 20 y 25. El riesgo asociado tiende a disminuir con la edad.
Igualmente, se ha observado que pacientes sin sobrepeso, pero que no hacían deporte, tenían más riesgo de mortalidad que otros pacientes en forma, pero con BMI superior a 27.8. Los pacientes del primer grupo tenían más riesgo de enfermedad cerebrovascular.
Efectos sobre la salud de un programa de reducción de peso
A corto plazo, la pérdida intencionada de peso en obesos reduce los factores de riesgo y mejora patologías como DM, osteoartritis, enfermedad cardiovascular y otras. En observaciones realizadas con pacientes afectos de obesidad mórbida y sometidos a gastrostomía parcial, se aprecia una favorable respuesta en parámetros de calidad de vida y DM.
En este momento, sin embargo, no existe evidencia de que la pérdida de peso en pacientes
afectados de obesidad moderada haya de tener un efecto favorable sobre la morbilidad
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